Era la más débil del clan y presa de bárbaros hostiles que la perseguían a penas salía de la comarca. Su vestimenta carecía de encantamientos especiales que le permitirían dar batalla ante cualquier ataque enemigo. No tenía grandes aspiraciones, se contentaba con explorar el mundo y disfrutar de él. Sus aliados, cansados de esperarle y de advertirle que las misiones la fortalecerían, le habían abandonado a su suerte, ellos pretendían ser el clan más respetado de todo Azeroth y no podían permitir retrasos.
Finding Blue Items
Ironías del destino
Dieciocho semanas se notan en frente del uniforme de Claudia, quizás el embarazo no llegó en el momento indicado pero decidió enfrentar la responsabilidad sola. No vale la pena hurgar en la basura con la esperanza de encontrar el granito de maíz. El restaurante está al tope, delicada y sonriente recoge los pedidos mesa por mesa. Agradece a Dios por tener un patrón tan bueno, en cualquier otra parte la hubieran echado del trabajo. Se respira armonía, la música baja, el sonido de los cubiertos y el susurro de los comensales componen una sinfonía que escucha con gusto tres veces por semana.
Cazadora de instantes
Cae la tarde, el tren llega a su destino. Desde la terminal puede observar la costa, las olas se encrespan y rompen contra el acantilado. A pesar de que reside en una zona costera, el olor a salitre de esa ciudad la incita a explorar. Baja del vagón con la maleta a cuestas, una escalinata conduce a la playa, sin dudar se dirige a ella.
Desvelo
Inerte, la cama parece absorber toda la energía que genera el cuerpo. Es tarde, no sabe cuánto tiempo ha trascurrido desde que se tumbó a descansar. A penas si parpadea, la mirada, clavada en el techo, el sueño parece que sobrevuela otro lugar, le ha abandonado. Le molesta el ruido del silencio que penetra, aturde. Olas de pensamientos mojan la mente, a veces como labios de amantes, otras como tsunamis que llegan y arrasan con todo.
Fire and Ice
Unidos y distantes, el destino lo quiso así, no pueden estar en el mismo espacio durante mucho tiempo sin que uno lastime al otro. Cierra los ojos, disfruta del aroma que le trae la brisa. Cual Penélope espera, sabe que su quietud será interrumpida. Los segundos van cayendo, la cuenta regresiva no se detiene, se acerca el momento, después de tanto tiempo lo volverá a ver. A pesar de estar en un lugar tranquilo, la ansiedad y los nervios la invaden.
Faded
Masquerade
Conduce a través de montañas. Detrás queda el verano, locuras, sueños. Por momentos observa el retrovisor, los últimos acontecimientos hicieron que se marchara sin despedirse de las personas que tan amablemente le ofrecieron casa y comida cuando se le descompuso el coche días atrás. Luego mandaría una postal disculpándose, no podía permanecer más tiempo en aquel lugar. El viento lo despeina, solo él serpentea la carretera desierta. Prende la radio, golpea con golpes suaves el volante al ritmo de la melodía e inquieto vuelve a mirar el espejo. Todo sucede por algún motivo, lo sabe bien, sin embargo, la noche anterior…
Inside Azeroth
Hacía calor, se adentró en la taberna para beber un jugo y sentarse un rato a descansar. La música animaba el salón, fue directo hacia la barra a pedir su bebida. En lo que el cantinero le servía, se recostó de espaldas para pasar la vista sobre la multitud presente, tan entretenida en sus asuntos que ni siquiera notaron su presencia. Recorre con la mirada y no reconoce a quien estaba esperando. Es temprano aun y el ambiente no está tan mal después de todo – pensó. En el fondo se distingue una mesa vacía, sin vacilar atraviesa el gentío evadiendo a los que bailaban eufóricos y se sienta a consumir el jugo de melón.
Recurrencia
Salí a pasear por las azoteas del vecindario. La cercanía de los edificios me permitía saltar de una a otra. El riesgo de caer no me causaba temor, el placer que sentía al verme suspendida en el aire por unos instantes, lo minimizaba por completo. Iba corriendo, confiada en que todo saldría como de costumbre, sin otra consecuencia que el temblor provocado por la adrenalina, cuán equivocada estaba.
En blanco y negro
Ahí estaba Laura, tendida sobre la cama. Su figura desnuda reposaba en pose ridícula. Las sábanas cubrían parte de sus glúteos y dejaban expuesta su espalda por completo, sin dudas conspiraban en mi contra. El cabello suelto se esparcía por el lecho y su dorso. Su rostro permanecía en calma, su respiración pausada desprendía pequeñas porciones de aliento a través de su boca entreabierta.







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