¡¡Al abordaje!!

guagua

No puedo evitar cuando pienso en mi universidad, recordar todos esos momentos en los que por muy raro que parezca, estallé en risas junto con mis amigos. Hablo de rarezas, porque cuando nos dedicamos a recordar con la cabeza fría y sin dudas sin alcoholes de por medio, nos percatamos que ciertas historias lejos de ser graciosas, han sido muy peligrosas.

Sí, ese día que recordé hace unos minutos, estábamos bajo los efectos del alcohol, no solo yo sino cientos de estudiantes, pues regresábamos de una fiesta de la facultad de psicología. Se preguntarán, ¿qué hace una estudiante de ciencias de la computación en una actividad que nada tiene que ver con su carrera estudiantil? Pues nada, creo que todos los estudiantes de la UCLV (o los cubanos en general) teníamos la mala costumbre de “colarnos” en las fiestas de facultades ajenas, lo importante era celebrar y divertirse, aunque eso nos costara unos cuantos “paticos”, sobre todo a nosotros los “ciber”, a quienes nos llamaban ratones de laboratorio por las exigencias de nuestra carrera.

Aquella noche, luego de beber y consumir unos cuantos litros de cerveza de pipa (que Dios me libre si la vuelvo a probar, pero en la etapa estudiantil ese líquido sabía a gloria y que conste que no hablo de una compañera de trabajo mío) y bailar como trompos, mis amigos, el resto del estudiantado presente y yo, nos dirigimos hacia la parada, para esperar la famosa “confronta” que solía recorrer la ciudad a las 3 AM.

Con los pies adoloridos, con el sentido del equilibro ausente, la coherencia al hablar de vacaciones y la poca conciencia que me quedaba cazando el más mínimo detalle que me diera la oportunidad de chotear la situación para seguir en la guasanga, a la hora fijada vi acercarse la tan esperada guagua. Supongo que el chofer era un experto en manejar la confronta, digamos que tenía un doctorado en lidiar con estudiantes alcoholizados, ¿por qué lo digo? verán.

La guagua solo aminoró la marcha, así al paso de una hormiga y abrió las puertas. Creo que lo del paso de la hormiga viene dado a que como hormigas a un pastel, todos los estudiantes a la vez asaltaron la guagua, por las puertas por las ventanas, ¿por el tubo de escape? Entraban los estudiantes enloquecidos, lo único que se tenía claro es que si se perdía esa guagua, había que caminar 7 km para llegar a la universidad.

¿Qué fue de mí? Iba corriendo al lado del ómnibus, tratando pertenecer a los escogidos, a los privilegiados que lograban alcanzar la puerta delantera cuando uno de mis amigos me llama desde la ventana más cercana, estiré mis brazos pata tratar de alcanzarlo, me tomó de ellos, me levantó en peso (suerte de ser delgada) y me haló hacia el interior de la guagua. Cuando caí en cuentas, estaba acostada a la larga sobre… no sé, como cuatro personas, posición en la que me tuve que quedar puesto que los niveles de espacios disponibles en la guagua ya eran ínfimos.

Despega el avión, digo, la confronta, por las ventanillas salían codos, cabezas, traseros y pies. Logré incorporar la cabeza un poco, dirigí mi vista a la puerta y allá contra el cristal de la misma, se encontraba el rostro de uno de mis amigos, la puerta trasera ni siquiera pudo cerrar completamente, el pasillo estaba cubierto por completo de personas en posiciones insospechadas y a pesar de lo incómodos que pudieran estar, todos los rostros estaban sonrientes, se escuchaban cánticos y muchas risas. Yo no pude ponerme de pie, hasta que luego de los 7 km y en la parada de la universidad, se vació un poco la guagua.

Ya en la BK, nos contamos como se cuentan los pollitos de una gallina y nos sentimos dichosos de estar todos presentes y empezamos a reírnos de quien gritó: “al abordaje!!”, del que se quedó contra la puerta, de mi entrada acrobática por la ventana, de los cuatro que me sirvieron de cama por 7 km, de quien iba con el trasero fuera de la ventana porque fue así como pudo subir y no pudo entrar por completo porque en la guagua no cabía nadie más.

En fin, nos reímos entonces y como les comenté, ahora reconozco que fueron locuras muy peligrosas que solo se hacen en esas condiciones, sin embargo no me arrepiento de haber participado en esa aventura, catalogada por todos como “el abordaje”.

Por ahí nos pillamos

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Comments

  1. Yo la verdad nunca tuve la oportunidad de estar becada por mucho tiempo, malamente cuando iba a competencias por tres días, o algo parecido, pero si hay algo de lo que nunca me voy a arrepentir es de haber hecho todas las locuras que hice en secundaria y en el pre, y las que me faltan, y nada que al final no se comparan con las que pueda cometer un universitario pero en su momento estuvieron locas. Además lo mejor para pasarla bien es estar con tus amistades, y olvidarte que el mundo existe.

    Saluditos por allá

  2. sherezada says:

    Yo siempre fui mas mesurada, y corté mi edad escolar muy temprano así que el tiempo de Uni que tuve fue ya siendo una joven ¿madura? jajaajaj Pero sí, hay locuras, de este tipo y de otros, que se hacen en la etapa de la primera juventud que luego una mira atrás y dice «ni loca lo hago ahora!!» jaajajaj Pero igual nos dejan un saborcito rico al recordarlas, al regresar a ese disfrute de hacer las cosas sin pensarlas demasiado, y hasta se extrañan eh, que ahora va una pensando dos y tres veces, y perdiéndose dos y tres cosas jaajajaaj.

  3. Creo que lo mas aglomerado que voy a estar es en un concierto…no soporto el transporte publico…y menos cuando estoy de acidos y haciendome daño con dosis de alcoholemia…en ese instante no soporto a las personas…no que las odie es que me siento mejor cuando no estan cerca….De esta anecdota tengo poca experiencia solo me ocurrio una vez y tratare de no repetirla es que en la habana hay cientos de »animalitos» que padecen de »estupidez humana» y bueno te pueden calzar de zapato un problema…

    Por lo menos te sentiste aventurera…me gusta leerte y saber que aprovechas tus vivencias.

    …y sigo leyendote…

  4. Creo que se tomó como una gracia y una aventura porque todos nos conocíamos, a esa hora en la confronta solo íbamos nosotros los estudiantes, en cuanto a la aglomeración, o la enfrentabas o te veías obligado a andar a pie 7 km por una carretera en las afueras de la ciudad, créeme eso a las 3 am no es nada bonito, sobre todo si se está cansado y en nota. En cuanto a mí, siempre supe que la universidad era un campismo al que solo se tiene acceso una vez en la vida y por tanto hay que aprovecharlo. Aventurera? Sí.
    Y siga, siga leyéndome jejeje

  5. Carlos Duty says:

    ahora estoy en la universidad de ciencias médicas, pero cuando estaba en el IPVCE las guaguas de los domingos se ponian importantes, pero nosotros íbamos gozando, una vez me fui con el maletin afuera la puerta me trabo subiendo, y otra un socio se fue con la guitarra afuera hasta la circumbalacion ggg que tiempos!

  6. Me he reido mucho con esta publicación dado que lo viví en carne propia cuando estudiaba en el Lázaro Cárdenas, solo que no fui parte de los privilegiados que lograron montar, pero lo recuerdo como si fuera hoy, era de mis primeras veces en ir a Santa Clara de noche, y «guajirito» al fin, sencillamente me quedé prácticamente paralizado viendo aquello, y efectivamente, es justo como lo narras, y los 7 kilómetros también los conosco pues mas de una ocasión los caminamos luego de un partido de beisbol…Tiempos inovidables, hoy uno lo piensa y dice «que locura», pero son de los mejores tiempos de la vida…

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